Praga (República Checa) - 2012 Recuerdos Running Internacional


Ruta running turística por lo más bonito y monumental de Praga: Empezamos a correr por la Rivera del Moldava , cruzamos el Puente de Carlos, Malá Strana, subida al Castillo, bajada al Barrio judío, Staré Město (Ciudad Vieja), Plaza de la Ciudad Vieja y vuelta al Hotel.


La historia:


La primera vez que fui a Praga ni me gustaba el running ni aún existía la República Checa. Praga era la capital de Checoslovaquia. Eso fue en el siglo pasado, año 1991, en uno de mis viajes en moto por Europa cuyo punto mas lejano fue esta ciudad. Pero esto es una historia que contaré otro día.

El viaje del que escribo hoy ha sido tan solo hace unos meses, en noviembre de 2012. Aprovechando el puente de Los Santos organizamos una "escapadita" de unos días a tan encantadora ciudad, y en la maleta, no faltaron las zapatillas de correr...

El vuelo llegaba por la tarde, casi noche. El hotel no era céntrico, dado que queríamos uno con habitaciones familiares para los cuatro y esto no es fácil de encontrar, pero estaba lo suficientemente cercano a los sitios de interés como para ir andando, al menos para buenas andadoras como son mis hijas, que aguantaron dos días de pateo continuo por las calles de Praga de la mañana a la noche. A lo que iba, al llegar tarde, salvo los alrededores del hotel buscando algún sitio para cenar y tomar una pivo (cerveza) Pilsner Urquell, no me dio tiempo a inspeccionar la zona, aunque si vi la dirección en la debería tirar para llegar al centro histórico.

¡Que buena la Cerveza (pivo) checa! 

A la mañana siguiente, siguiendo mi costumbre, madrugué para no interferir en la agenda vacacional de la familia y estar de vuelta antes de que se despertaran las niñas. Baje a la calle y, desde luego, no era el mejor día para salir a correr, llovía y hacia bastante frío Esperé en la puerta del hotel a ver si escampaba, y mientras a ver si el reloj cogía GPS, pero en vista que ni una cosa ni otra, me eché a la calle. No había venido hasta Praga para quedarme en la puerta del hotel con las zapatillas puestas.

Había echado un vistazo a un mapa turístico de Praga y mas o menos tenía una idea de por donde tirar, aunque solo a groso modo, bajar desde el hotel hasta el río (Moldava), seguir paralelo al río hasta el puente de Carlos, cruzar, subir al castillo, catedral de San Vito, bajar por la otra punta, cruzar por algún otro puente en dirección a la ciudad vieja, pasar por la plaza del ayuntamiento viejo, ver el reloj astronómico (uno de los pocos recuerdos de la ciudad que me quedaban de mi viaje anterior) y volver al hotel.

Aunque mi sentido de la orientación es bastante pobre, el recorrido runnero me salió exactamente según lo previsto. El primer kilómetro, más o menos, no se reflejo en el recorrido del mapa (el reloj seguía sin coger GPS), pero ese kilómetro fue igual en la ida que en la vuelta (desde la bandera roja a la verde):

La ruta en wikiloc --> aqui

Recorrido runnero

Hotel – Rivera del Moldava – Puente de Carlos.


Pues dicho y hecho, me lancé bajo la lluvia en dirección al río. Las aceras eran anchas y como era temprano, no había mucha gente ni tráfico por las calles. En algunas zonas el suelo de cemento, con la lluvia, era un poco resbaladizo. Cruzar las calles, es mas complicado que aquí, porque no solo tienes que estar pendiente de los coches sino también de los tranvías que tienen sus propios semáforos.

Calle mojada de Praga 

La primera parte hasta el río era cuesta abajo y por calles características de una ciudad centroeuropea. Rápido llegué hasta el río y seguí en dirección al castillo, no tenía perdida, la panorámica, a pesar de la lluvia, era inmejorable: el inmenso río con sus puentes y en el lejano horizonte el Castillo, la típica postal del Praga pero en vivo.


Yo y mis circunstancias. Al fondo el castillo y la catedral hasta donde subiría después



Por la rivera del río había un paseo bastante ancho por el que se podía correr bien. Vi unos "currelas" y les pedí que me hicieran una foto con el móvil, muy amables me la hicieron y algo me decían, aunque no entendía sus palabras, supongo que checas, me las imagino: “que hará el alelao este corriendo con la que está cayendo, si no tuviera yo que currar iba a estar aquí mojándome...”.

Avancé siguiendo el río, disfrutando de las vistas y pasando por algún monumento, como el Teatro Nacional, hasta el puente de Carlos, el mas famoso de Praga, el de las 30 estatuas. En otra época, mi anterior viaje, lo recuerdo como el puente de los bohemios, había pintores, músicos, artesanos; pero en la actualidad, los “inquilinos” no se diferencian mucho de cualquier otro sitio turístico como el estanque del Retiro de Madrid. Aunque algún bohemio queda, lo que mas abunda son los típicos puestos de mercadillo que hay en todas partes, algún músico y caricaturistas, pero no deja de tener mucho encanto pasar por allí, despacio, viviendo el momento... Normalmente está abarrotado de puestos y turistas, como comprobamos horas después, pero a la hora que yo pasé corriendo, no había prácticamente nadie, únicamente una pareja de novios orientales (no se si auténticos o modelos, ni su país oriental de procedencia, africanos no eran seguro) y unos fotógrafos haciéndoles un reportaje.

Puente de Carlos. Esta foto no es mía, es de Google



Malá Strana – Castillo y jardines de Praga - Plaza Jan Palach


Una vez cruzado el famoso puente entras en el barrio de Malá Strana, sin gente, sin coches, parecía que había retrocedido en el tiempo varios siglos. Por esas calles y callejuelas entre palacios y casonas tocaba subir al Castillo. El camino concreto que debía coger no lo tenía claro, pero dicen que todos los caminos llegan a Roma, así que como el Castillo estaba en lo mas alto, seguí mi intuición que consistía en coger las calle que iban cuesta arriba y así, encontré una escaleras, interminables, en cuyo final se distinguía el Castillo.

Escaleras de subida, de mucha subida al Castillo 

Costó subirlas, pero una vez arriba, ya estaba en lo más alto, el resto de recorrido debería ser bajada, o al menos plano... La vista de la zona del Castillo es imponente, majestuosa. La entrada está custodiada por unos señores con gorra de plato en la cabeza y fusil en las manos, muy quietos eso sí, no se si por miedo a que los otros señores, los de piedra semidesnudos que estaban encima con un bate de béisbol les atizaran si se movían o por el frio. El caso es que cuando yo pase por la puerta siguieron sin moverse ninguno de ellos, ni los de carne y hueso ni los de piedra, y así me adentré al primero de los cuatro patios de la fortaleza.

Los vigilantes del castillo 

Continué por un pasadizo hasta el segundo patio, con su fuente de los leones y después al tercero donde te chocas de repente con la catedral de San Vito, IMPRESIONANTE catedral gótica por fuera y por dentro, como comprobaría por la tarde, la rodee despacio, admirándola bajo la atenta mirada de las gárgolas, que no me quitaban ojo.

















Crucé toda la zona fortificada, admirando sus diferentes edificaciones y palacios, saliendo por la puerta este a los jardines reales, aunque esta vez preferí bordear las antiguas escalinatas reales que encontré para bajar, aunque bellísimas, ya tenía mi ración de escalones. Baje por otra calle de nuevo hasta el río y cruce por el puente más cercano hasta el otro lado.


Plaza Jan Palach – Barrio judío - Staré Město (Ciudad Vieja)


Como aún me pareció pronto para volver, estando ya al otro lado del río frente al Rudolfinum, me alejé un poco más siguiendo el río hacia el norte por una zona de edificios universitarios hasta llegar a una calle muy ancha. Sin querer había encontrado el barrio judío. Seguí por la calle ancha donde había bastantes tiendas de moda y joyerías. Creo que estaba en la calle “Serrano” de Praga, aunque también había un Zara, como no.






Siguiendo, siguiendo por la calle de bonitos escaparates, por las indicaciones para turistas que me iba encontrando, me di cuenta que iba en la buena dirección hacia la Plaza de la Ciudad Vieja, y así fue, enseguida me encontré dentro de la Plaza, en frente de la Iglesia de Týn con sus dos torres negras.

Yo tenía el recuerdo de que el Reloj Astronómico estaba por allí, pero no sabía exactamente donde. En condiciones normales es fácil encontrarlo porque está justo encima del motón de gente con cámaras en la mano que están esperando que den una hora en punto, que es cuando salen las figurillas; pero a esas horas no había turistas, así que callejeé un poco por las callejuelas de detrás de la Iglesia de Týn pero como no veía nada, di la vuelta. Al volver a la plaza desde esta otra perspectiva sí que identifiqué la torre del ayuntamiento y el famoso reloj, más pequeño de lo que recordaba. ¡¡Lo había encontrado!!

Ahora me tenía que hacer una foto, pero poca gente había, pregunté a una señora que iba con las barras del pan si quería hacérmela pero se excusó. Vi a una pareja de chicas orientales y dije, esta es la mía, quién mas experto que una turista japonesa para hacerme una foto, pero que va, no debía ser turistas o no debía ser japonesas, aunque tras unos intentos, algo salió:

Yo mismo y la parte de abajo del reloj astronómico 

Era ya mucho pedir, que entrara la parte de arriba del reloj en la foto.
La parte de arriba 

Plaza de la Ciudad Vieja - Hotel


Ahora sí que tocaba volver. Mas o menos, siguiendo calles principales y muy comerciales, me fui orientando, primero por la ciudad vieja, luego por la ciudad nueva, menos bonita, donde va a parar, llegue otra vez hasta el río y de ahí al hotel por el mismo camino.

En 53 minutos y 25 segundos según mi reloj, había corrido y recorrido a placer una ciudad patrimonio de la humanidad.

No solo de correr vive el hombre, también disfrutamos de la comida checa, de la cerveza checa, y como siempre, de la mejor compañía... española.


Ay señor, jubílame pronto!!


Puente de Carlos anocheciendo. Adios Praga






2 comentarios:

  1. Qué tío, para cuando desayunases con la familia ya te podías volver a España. Te has ventilado Praga en dos patadas, literalmente, ni yo viajo tan rápido, jaja.

    Muy bien, corriendo y haciendo fotos a la vez, ni la lluvia ni los curritos agraviados te inmutan. Lo dicho: ¡qué tío!

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  2. Veo que el comentario que dejé el pasado domingo no se ha publicado.
    Decía que yo estuve en la República Checa en el año 1.998, pero con menos valentía que tú. Quiero decir que no me atreví a correr por sus calles; leyendo tu entrada me arrepiento de no haberlo hecho.

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